Cuando Óptima Energía abrió operaciones en México en 1988, el concepto de "Empresa de Servicios Energéticos" — ESCO por sus siglas en inglés — era prácticamente desconocido en Latinoamérica. El modelo, que ya empezaba a tomar tracción en Estados Unidos y Europa, proponía algo contraintuitivo para los gobiernos de la época: pagar a un tercero por la eficiencia energética, no por el equipo instalado.
Treinta y ocho años después, la compañía es la operadora con mayor antigüedad continua en el segmento de alumbrado público bajo Contrato sobre Resultados en la región. Ese tiempo no es solo experiencia acumulada: es también la curva de aprendizaje de un modelo regulatorio, financiero y técnico que tardó en encontrar su mercado natural en infraestructura pública.
Los primeros años: convencer antes que vender
Durante la década de los noventa, gran parte del trabajo de Óptima consistió en explicar el modelo a directores de servicios públicos, tesorerías municipales y cabildos. La idea de que un privado financiara la modernización a cambio de un porcentaje de los ahorros generados levantaba más preguntas que entusiasmo.
"La conversación más común al inicio era: 'Si esto es tan bueno, ¿por qué no lo está haciendo nadie más?'" recuerda [Nombre], [cargo histórico] de Óptima Energía. "Tuvimos que construir credibilidad un proyecto a la vez."
2010–2020, la consolidación
La adopción del esquema CSR por parte de municipios grandes — Monterrey, Cancún, Acapulco y otros — durante la segunda década del 2000 marcó el punto de inflexión. La tecnología LED maduró, los costos cayeron, y los modelos financieros pudieron prometer ahorros del 50-60% con plazos de recuperación cada vez más cortos.
Paralelamente, el ecosistema regulatorio mexicano se modernizó: la NOM-031-ENER estableció parámetros técnicos verificables para alumbrado público vehicular, y la CFE depuró sus tarifas para el sector. Estos dos cambios redujeron drásticamente la ambigüedad contractual que había frenado al modelo durante años.
Treinta y ocho años no son solo experiencia acumulada: son la curva de aprendizaje de un modelo regulatorio y técnico que tardó en encontrar su mercado natural.
De México hacia Latinoamérica
A partir de 2020, el modelo cruzó fronteras. Óptima Energía firmó proyectos en Ecuador, donde trabajó con la Corporación Nacional de Electricidad (CNEL EP) en modernizaciones de gran escala. Otros mercados — Colombia, Perú, Chile — observaron con interés.
El factor común: ciudades latinoamericanas que enfrentan infraestructura envejecida, presupuestos municipales tensionados y exigencia creciente de seguridad urbana. La promesa de modernizar sin inversión inicial dejó de ser una rareza para convertirse en una alternativa estructural a la licitación tradicional de equipo.
Lo que viene
El siguiente capítulo del modelo ESCO en alumbrado público probablemente no se trate de luminarias: se trata de datos. La telegestión punto-por-punto permite que la red de alumbrado se convierta en la columna vertebral de las plataformas de Smart City — soporte físico y conectividad para sensores ambientales, cámaras, conectividad pública y otros servicios urbanos.
"Empezamos cambiando focos. Hoy entregamos infraestructura digital," concluye [Nombre]. "El modelo de los próximos 38 años no se va a parecer al de los primeros."